Durante gran parte de la década de los 80, viajar en
colectivo en La Plata significaba subir por la puerta delantera, indicar el
destino al chofer y recibir un boleto de papel que era cortado por una máquina
mecánica. Cada color de boleto representaba una sección y una tarifa distinta.
En aquellos años, las monedas eran indispensables para
cualquier viaje y perder el cambio podía significar quedarse sin volver a casa.
Las líneas tradicionales como la Este, Oeste, Sur, Norte o la histórica 273 ya
formaban parte de la vida cotidiana de miles de vecinos que utilizaban el
transporte para ir a trabajar, estudiar o realizar trámites. La ciudad era
diferente, había menos autos, menos motos y una mayor dependencia del
transporte público como principal medio de movilidad.
Con la llegada de la Convertibilidad y los cambios
económicos impulsados durante la presidencia de Carlos Menem, el transporte
también comenzó a transformarse. Las empresas renovaron parte de sus unidades y
aparecieron nuevas tecnologías para el cobro de pasajes.
El hito fundamental ocurrió en 1994, cuando debutaron las
primeras máquinas expendedoras automáticas de boletos que recibían monedas.
Aunque este sistema automatizó el cobro y alivió la tarea de los choferes
(quienes ya no debían cortar boletos ni dar vuelto manualmente), profundizó la
dependencia de las monedas. La escasez de cambio se convirtió en una constante
crisis urbana: conseguir monedas de 10, 25 o 50 centavos para viajar era una
odisea diaria.
Sin clases, trenes ni bancos, pero con micros en La Plata
El 2001: La crisis y los colectivos llenos
La crisis económica de 2001 golpeó de lleno a los usuarios
del transporte, a partir de que los, los
precios aumentaban y el poder adquisitivo caía, miles de platenses dependían
exclusivamente de los colectivos para trasladarse. En aquellos años era común
ver unidades repletas en horarios pico y largas filas en las paradas del centro
de la ciudad, la movilidad urbana seguía girando alrededor de los micros, mucho
antes de la popularización de las aplicaciones de transporte y de las
bicicletas compartidas.
Fue precisamente en 2001, bajo la gestión del intendente
Julio Alak, cuando se implementó el Sistema Urbano de Transporte (S.U.T.). Este
sistema reordenó las líneas de la ciudad, dividiéndolas en troncales y
periféricas, vistiendo a los colectivos con los hoy icónicos colores según su
zona (azul para el Norte, verde para el Sur, amarillo para el Este, colorado para
el Oeste y rojo para las líneas transversales). El S.U.T. buscó optimizar un
sistema colapsado por la crisis y unificó la identidad visual del transporte
platense.
La revolución de la SUBE y la digitalización
Uno de los cambios más importantes llegó a partir de 2009
con la implementación progresiva del Sistema Único de Boleto Electrónico
(SUBE), que modificó para siempre la forma de pagar los viajes. Las monedas
dejaron de ser una preocupación para los pasajeros y el sistema comenzó a
digitalizar gran parte de la operatoria del transporte público.
Para muchos jóvenes, la SUBE forma parte de la rutina
diaria, sin embargo, generaciones anteriores todavía recuerdan los tiempos en
los que había que recorrer kioscos buscando cambio o guardar monedas durante
toda la semana para asegurarse el viaje. La evolución tecnológica continuó
avanzando con la incorporación de herramientas digitales que permiten hoy
acreditar saldo desde el celular, consultar movimientos y acceder a beneficios.
Incluso, la progresiva expansión de la SUBE Digital busca reducir cada vez más
el uso de tarjetas físicas, permitiendo abonar directamente con el teléfono.
Hoy, la realidad del transporte se mide con datos duros que
golpean directamente el bolsillo, a partir de que tras décadas de profundas
transformaciones, el sistema atraviesa un momento crítico debido a la
reconfiguración económica.
A los sucesivos aumentos aplicados, el cuadro tarifario
consolidó un boleto mínimo de $948 pesos en la región. Viajar en micro se ha
vuelto un costo sumamente significativo en el presupuesto mensual de cualquier
trabajador o estudiante platense.
Este salto en las tarifas está directamente relacionado con
la política fiscal de reducción de fondos estatales. El sistema de transporte
de la región funciona actualmente con una caída real del 26% en los subsidios
estatales en comparación con los niveles históricos de financiamiento.
