Lo que en la Casa Rosada comenzó como un intento de cerrar la discusión sobre el patrimonio de Manuel Adorni terminó convirtiéndose en una crisis política que amenaza con alterar la agenda legislativa del Gobierno. Lejos de disipar las dudas, cada nueva explicación del jefe de Gabinete abrió interrogantes adicionales sobre sus declaraciones juradas, sus ahorros no declarados y el origen de parte de su patrimonio.
La situación llegó a un punto en el que el oficialismo encuentra dificultades para recuperar la iniciativa política. Ni siquiera el debut triunfal de la Selección argentina en el Mundial, con una contundente victoria y tres goles de Lionel Messi, logró desplazar el tema de la conversación pública.
Por el contrario, cada nueva intervención de Adorni pareció alimentar una controversia que ya trascendió las redes sociales y los estudios de televisión para instalarse de lleno en el Congreso.
Ahora la preocupación de la Casa Rosada es otra: evitar que el escándalo termine contaminando la sesión prevista para este jueves en el Senado, donde el Gobierno pretendía concentrar sus esfuerzos en el tratamiento del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada impulsado por Federico Sturzenegger, una de las iniciativas más importantes de la agenda de desregulación libertaria.
Una ley clave, opacada por la crisis
La iniciativa busca reforzar la protección de la propiedad privada, limitar la capacidad del Estado para avanzar con expropiaciones, ampliar las compensaciones económicas a los propietarios y agilizar procesos de desalojo. También introduce cambios en la regulación de tierras rurales y modifica aspectos vinculados al ordenamiento territorial y ambiental.
Sin embargo, en las últimas horas el contenido del proyecto quedó relegado por la creciente presión política alrededor de Adorni.
El temor oficial es que la discusión termine desplazada por la situación del jefe de Gabinete y que una sesión pensada para exhibir avances legislativos derive en una nueva demostración de debilidad política.
La ofensiva opositora y los aliados que se despegan
En Fuerza Patria trabajan para impulsar una moción de censura contra Adorni que habilite su interpelación en el Senado y abra un proceso político que podría derivar en su salida del cargo.
Lo que más inquieta al Gobierno no es la ofensiva del kirchnerismo sino el posicionamiento de sectores que hasta ahora actuaban como aliados o acompañaban buena parte de la agenda oficial.
En el PRO y en la UCR comenzaron a multiplicarse las voces que consideran que las explicaciones brindadas por Adorni terminaron agravando el problema en lugar de resolverlo.
El jefe del bloque de senadores del PRO, Martín Goerling Lara, fue uno de los más contundentes al referirse al futuro del funcionario. “Espero que no lleguemos a esa instancia. Si llegamos a esa instancia el PRO va a acompañar la moción de censura o remoción”, aseguró a Infobae.
En la misma línea se expresó Federico de Andreis, uno de los principales armadores políticos de Mauricio Macri, quien resumió su postura con una frase tajante sobre Adorni: “Ni un día más”.
A esas críticas se sumaron dirigentes radicales como Maximiliano Abad, quien también dejó trascender su rechazo a la continuidad del jefe de Gabinete.
El Gobierno de Milei busca ganar tiempo
Ante este escenario, una de las alternativas que circulan en el oficialismo es evitar que la sesión se convierta en un escenario de confrontación por Adorni.
Entre las opciones que analizan aparece la posibilidad de postergar una semana el debate previsto para este jueves, una maniobra que permitiría descomprimir momentáneamente la presión política.
La definición comenzará a tomar forma este miércoles desde las 18, cuando los presidentes de bloque se reúnan con la vicepresidenta Victoria Villarruel para analizar el temario y las condiciones de la sesión.
Mientras tanto, la Casa Rosada intenta evitar que la oposición logre articular una mayoría que incluya a sectores dialoguistas y termine transformando el caso Adorni en un problema parlamentario de mayor escala.
La carta del 2 de julio
En paralelo, el Gobierno confirmó que Manuel Adorni concurrirá al Congreso el próximo 2 de julio para presentar su informe de gestión.
La decisión es interpretada en ámbitos legislativos como un gesto hacia los bloques dialoguistas y una señal de apertura para que el funcionario responda preguntas sobre los cuestionamientos que enfrenta.
La apuesta oficial es que esa instancia institucional sirva para contener los reclamos más duros y evitar que prospere una ofensiva por su salida.
Sin embargo, la estrategia también refleja la dificultad que enfrenta el Gobierno para cerrar una crisis que se prolonga desde hace semanas.
Rosario, otra escala bajo tensión
La controversia ya comenzó a impactar incluso en la agenda pública del funcionario. Según trascendió, Adorni acompañará al presidente Javier Milei en el acto por el Día de la Bandera que se realizará en Rosario.
La presencia del jefe de Gabinete genera incomodidad incluso entre sectores aliados. Dirigentes del PRO santafesino hicieron saber su preocupación por la posibilidad de que la figura de Adorni termine eclipsando una ceremonia de fuerte carga institucional y simbólica.
Ese escenario resume el dilema que enfrenta hoy la Casa Rosada. El problema ya no pasa solamente por las explicaciones sobre una declaración jurada o por el origen de determinados fondos.
El Gobierno quedó atrapado en una defensa que no logró cerrar la discusión y que, por el contrario, fue acumulando nuevas preguntas. Ahora debe resolver si continúa sosteniendo a uno de sus funcionarios más visibles o si busca una salida que le permita recuperar la iniciativa política antes de que la crisis termine condicionando el resto de su agenda.
